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Vista de las tierras fértiles de Ubaque donde también se cultivan sueños.
Foto: Ricardo González/Unimedios |
Nuevos roles del diseñador industrial
Gracias al Programa Acunar y sus proyectos en comunidades, los profesionales de Diseño Industrial
encuentran nuevos campos de acción para su disciplina. En Ubaque se desarrolla uno de ellos.
Ha pasado mucho tiempo desde que
el Diseño Industrial surgió como una
respuesta a los procesos de estandarización
de productos tras el boom de la
Revolución Industrial en el siglo XX.
Desde entonces, se ha ocupado, primero,
de las propiedades formales, funcionales
y económicas de los objetos; después, de
adaptar o transformar estos productos
industriales a las necesidades del hombre
y de la sociedad.
Hoy día los procesos de creación, desarrollo
y diseño de productos, además de
tener características estéticas, ergonómicas
o de mercado, dan una gran relevancia
a las relaciones entre el objeto,
el contexto y la cultura. Esto supone
nuevos escenarios para los profesionales
del Diseño Industrial como animadores
y gestores de proyectos, más que de productos.
De esta manera, diseño reflexivo
y antropología del diseño se relacionan
con esta nueva manera de comprender el
producto como un proceso.
Acorde con estos planteamientos, surge
el Programa de Transferencia de Diseño
en Comunidades Productivas Emergentes,
Acunar, de la Escuela de Diseño Industrial
de la Universidad Nacional. Este es un
programa que está pensado para ofrecer
herramientas que permitan optimizar los
modos de producción y organización en las
comunidades para volverlas competitivas
en el mercado local, regional y global.
Trabajo de campo para el campo
Pueblo Viejo, Pueblo Nuevo y Guayacundo
son tres veredas ubicadas en la
parte alta del municipio de Ubaque,
al oriente de Cundinamarca, que conforman
una comunidad que vive principalmente
de la producción agraria y
pecuaria. Son tan productivos como
otras regiones que actualmente abastecen
de alimentos a la capital del país y,
gracias a su posición y recursos, tienen
grandes potenciales.
Sin embargo, esta zona no es ajena al
atraso por el que pasa el sector rural en
nuestro país. Cada uno de estos sectores
presenta inconvenientes que se pueden
percibir desde diferentes puntos de vista
(ambiental, económico y social) entendidos
no como una ausencia de conocimientos
y saberes por parte de quienes
forman parte de la cadena productiva,
sino como una desarticulación en los
procesos de desarrollo.
A este panorama se acercaron Bibiana
Guerrero, Jorge Suárez, Andrea Herrera
y Leonardo Rodríguez, estudiantes de
último semestre de la Escuela de Diseño
Industrial e integrantes del Programa
Acunar, para quienes durante los últimos
seis meses las tres veredas se convirtieron
en su destino frecuente. La
motivación, a parte de disfrutar del verde
paisaje y de la amabilidad de sus gentes,
es recuperar desde el Diseño Industrial
las bondades y la belleza de la vida campesina
de una manera sustentable y que
contribuya al mejoramiento de la calidad
de vida de sus habitantes y la valorización
de su territorio, ¿cómo hacerlo?
“Generar confianza es una meta difícil
de lograr en una comunidad que
está exhausta de las capacitaciones y los
aprendizajes cortos, la falta de acompañamiento
a lo largo de los procesos y un
poco la imposición de métodos que ellos
no sienten propios ni aplicables a su realidad”,
aseguran. Por ello, como primer
paso y con la ayuda de la Escuela de
Diseño Gráfico, se creó una imagen corporativa
para su cooperativa que fue
escogida por la comunidad entre varias
propuestas.
Pero este fue sólo un pequeño gancho.
Poco a poco, la idea de que los estudiantes
iban por unos días a diseñarles una
imagen para sus productos cambió con
el paso de reuniones, talleres y recorridos
por las veredas. “Nuestro propósito
fue convencerlos de que el proyecto, si
bien debe materializarse en un reconocimiento
de sus productos en el mercado
de la ciudad, va más allá de ponerles un
nombre; ese es sólo el resultado final de
un trabajo conjunto con ellos”.
En síntesis, el proyecto de los estudiantes
consiste en ayudarlos a descubrir
los valores agregados que tienen sus
quesos o sus cultivos. No es industrializar
sus procesos, más bien se trata de
resaltar el precio de un queso producido
a mano que proviene de uno de los pocos
lugares del mundo que tiene agua pura,
por ejemplo. Es también fortalecer su
identidad como región: unir las veredas,
sus gentes, sus tierras y sus frutos en
torno a unos procesos de producción que
busquen el bienestar común.
Para lograrlo, la estrategia −después
de la concientización de la gente y el
diagnóstico− es la conformación de dos
redes: la primera es la red de productos
lácteos, pues está muy avanzada por la
experiencia de una cooperativa existente,
de la que todavía se tiene mucho potencial
en cuanto a la diversificación del
producto, mejoramiento de presentaciones,
ampliación del mercado y compromiso
de los asociados.
La segunda es la red de productores
orgánicos. “Aunque los campesinos conocen
los procesos orgánicos, no los han
implementado por temor a arriesgar su
cosecha. Lo que proponemos en este
punto es hacer un cultivo piloto en un
área pequeña para promover la transición
de cultivos químicos convencionales
a un cultivo orgánico”, afirman los
estudiantes.
Como animadores y gestores los estudiantes
de Acunar trabajan en tres frentes:
organización comunitaria, manejo
ambiental y el desarrollo productivo.
Una empresa de largo aliento en la que
el acompañamiento es fundamental, por
ello el plan de estos jóvenes −que ya
se graduaron con esta propuesta− es
seguir trabajando con la comunidad de
Ubaque, pero ya como profesionales.
Este es apenas uno de los seis proyectos
que el Programa Acunar está desarrollando
en comunidades emergentes;
el gremio joyero de Bogotá, comunidad
artesanal del municipio de Tabio, un
observatorio de consumo para las micro
y medianas empresas, también contarán
con las ideas de los diseñadores industriales
que se forman en la UN.
Así, el Proyecto Acunar es el espacio
propicio para la retroalimentación entre
academia y sociedad, pues mientras en
las comunidades se alientan modelos
de participación de autogestión, en la
Universidad se fortalecen los procesos
de formación e investigación de sus
estudiantes.
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