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La propuesta gastronómica de Heidi Yohana y Lain combina platos exóticos, un trasfondo social, un propósito
ambiental y una intención saludable. Por eso desde ya están investidos en su rol de sibaritas. |
Los sabores
de la biodiversidad
Un restaurante gourmet que ofrece los sabores exóticos del trópico se inaugura en febrero del próximo año.
La idea es de dos egresados de la Universidad Nacional.
Primero Macondo y luego Tambos.
Por su significado, estas dos palabras se
contemplaron a la hora de nombrar el
lugar donde comensales interesados en
degustar nuevas experiencias culinarias
se regodearán con los exóticos sabores
de la biodiversidad colombiana. Aunque
aún no tiene nombre definitivo, el restaurante
que vienen “cocinando” dos jóvenes
recién egresados de la Universidad
Nacional, seducirá los paladares ambiciosos
a partir de febrero próximo.
Heidi Yohana Pérez y Lain Efrén
Pardo se reservan los títulos de los menús
para la inauguración, pero falta poco
para afinar definitivamente diez platos
fuertes, seis entradas −tres calientes y tres
frías−, cuatro postres y cinco bebidas,
entre jugos y malteadas; en los que el
gustillo del arazá y la cocona, el yacaré y
el pirarucú, el níspero y el copoazú harán
las delicias de una cena o un almuerzo
diferente.
De la gastronomía internacional, sin
embargo, tomaron prestadas las carnes
de búfalo y avestruz; de la criolla; el
conejo, el pollo y la res. La condición
es que su producción haya sido sostenible,
filosofía que como biólogos se encargarán
de garantizar, pues uno de los
procesos más delicados ha sido la identificación
de proveedores.
En ese sentido, quienes abastecerán
su despensa −exótica y “verde”− serán
pequeños productores esparcidos por
la geografía nacional, lo que da el
toque social al proyecto. “Fácilmente
podríamos comprar a tiendas orgánicas
que están consolidadas, pero no queremos
intermediarios. Queremos apoyar
a comunidades chicas y ya tenemos 14
proveedores de este estilo”, manifiesta
Heidi Yohana, elocuente vocera de esta
ética social a la que se suma el brío que
distingue a las mujeres que, como ella,
son santandereanas.
En correspondencia con ello, tramitan
la entrada a la Cadena de Biocomercio
Sostenible, programa del Instituto Alexander
von Humboldt, que agrupa pequeños productores
que tienen como esencia cultivar o
criar en cantidades sostenibles y sin aditivos
químicos.
“Apoyarnos en este programa resulta
fundamental, porque entendemos la sostenibilidad
desde dos perspectivas: un
mínimo impacto ambiental dada la procedencia
orgánica de los alimentos. Esto,
a la vez, contribuye a mejorar la salud
humana”, agrega Lain Efrén, que no
deja de recordar cómo han venido creciendo
las enfermedades trasmitidas por
alimentos (Etas), no sólo por la cuestionable
calidad sanitaria, sino por los
efectos residuales que se acumulan en el
organismo, consecuencia del uso irracional
de abonos y plaguicidas.
El proyecto empresarial
Concebir un restaurante así no fue
fácil. A la iniciativa antecedieron opciones
inviables, “como le suele ocurrir a los
profesionales que no tenemos ni remota
idea de finanzas”, dicen entre carcajadas
los dos jóvenes, aprendices de conceptos
como flujo de caja, balance, costo, gasto
o capital de trabajo.
Pero en su auxilio acudieron los asesores
de la Unidad de Emprendimiento,
adscrita a la Facultad de Ciencias
Económicas de la Universidad Nacional,
que aterrizaron su primera moción de
criar venado cola blanca, para lo cual
debían esperar tres generaciones del
mamífero para ver resultados. “No financiamos
estudios de factibilidad, sino iniciativas
empresariales autosostenibles”,
les dijeron tajantemente en el Fondo
Emprender. “Fue desalentador en ese
momento, pero nos abrió los ojos”,
recuerdan. A cambio su tutor, el profesor
Hugo López, les contrapropuso la
idea del restaurante, con la cual llegaron
de nuevo en agosto del año pasado
a la Unidad de Emprendimiento para
presentarse en la III Convocatoria del
Fondo Emprender.
Después de un año de investigación en
mercados, cursos de cocina en el Sena,
decenas de intentos con un chef hasta
obtener las recetas estándar, extenuantes
jornadas para la formulación del plan de
negocios, cotizaciones de maquinaria…
el esfuerzo valió la pena. En julio de este
año recibieron la grata noticia de haber
sido uno de los proyectos avalados por el
Fondo Emprender, entre los 1.420 que se
presentaron.
Ya casi todo está previsto: para paladares
gourmet, la zona G de Bogotá será la
coordenada más segura, la inversión no
será menor a $90 millones de pesos, los
platos fuertes oscilarán entre $16.000 y
$30.000 pesos, y a finales de febrero del
2007 será tiempo de abrir.
Luego de ese intenso itinerario, para
los biólogos es claro que la agroecología
y los mercados verdes tienen, hasta el
momento, un número moderado de
seguidores. “Dado que la producción es
lenta y en volúmenes bajos, por ahora
esta tendencia prospera en personas que
tienen conciencia de su salud, por lo que
están dispuestas a pagar un poco más”,
señala Lain Efrén.
El proyecto personal
Para Heidi Yohana, esta particular
aplicación de la biología es tan novedosa
como lo fue seguir esta profesión.
Al terminar los estudios secundarios en
Capitanejo (Santander), jamás habría
imaginado que el consejo de su hermano
de estudiar esta ciencia se convertiría
en un “raro” proyecto de vida. Para
Lain Efrén, en cambio, que culminó el
bachillerato en La Guajira, la decisión de
seguir biología fue siempre cierta, pues
estaba seguro de que le traería experiencias
apasionantes. Y no se equivocó.
El restaurante, sin embargo, será la
plataforma de otros sueños a mediano
plazo. El compostaje urbano, tan practicado
ya en Europa, será una práctica
dirigida a decomponer el 100% de
los residuos orgánicos emanados de su
negocio. La investigación en fauna silvestre
seguirá corriendo paralela, pues
continuarán vinculados al Grupo de
Conservación y Manejo de Vida Silvestre
del Departamento de Biología y el
Instituto de Ciencias Naturales. Dar
perfil a ciertos recursos alimenticios de
la biodiversidad colombiana, destinando
fondos para su producción sostenible, no
los apartará de la sensibilidad social “que
los egresados de la Universidad Nacional
llevamos por naturaleza”, comenta Heidi
Yohana.
Mientras que aparece el nombre que
amarra la idea y los sueños de este dúo,
las escondidas exquisiteces que da la
tierra colombiana esperan salir del realismo
mágico de las comunidades locales
y ser aliñadas, para tomarse el paladar
de consumidores inquietos por probar
nuevos sabores.
mcrojasr@unal.edu.co |